Oficio que sostiene la vida en el mar
A orillas de las playas de Huatabampito, Rosendo dedica las tardes a reparar y tejer a mano las atarrayas que utiliza en sus jornadas de pesca. Un arte aprendido de su padre que requiere precisión milimétrica para lograr el contrapeso y la apertura perfecta en el agua.
Tradición y conocimiento marino
Conocer el tipo de hilo, el tamaño del cuadro de la malla según la especie a capturar y el tejido resistente a la salinidad son secretos que solo se dominan tras décadas de trabajo en las bahías y esteros de la región.
Ejemplo de dedicación en el litoral
Historias como la de Rosendo reflejan la dignidad y el esfuerzo de las familias costeras que con su trabajo diario alimentan a las ciudades del noroeste.

