El norte de Sinaloa enfrenta una crisis de costos: los precios de semillas, fertilizantes y combustibles se han disparado, afectando la rentabilidad de los pequeños y medianos productores.
En respuesta, la comunidad agrícola apuesta por la modernización tecnológica y la diversificación de cultivos, buscando mayor resiliencia frente a la volatilidad del mercado.

